“Con 30 o 40 vacas no se puede vivir”

Con un modelo alterno, el joven ganadero Javier Iráizoz Ibarrola habla del esfuerzo, de la subida del precio del pienso y de las trabas para explotar el sistema extensivo, asociado a la disponibilidad de terrenos en función del número de cabezas No hay descanso, salvo horas libres arrebatadas a la rutina ordenada de la tarde, en la agenda semanal de Javier Iráizoz Ibarrola. Aprendiz y descendiente en el oficio de ganadero de sus padres, Lorentxo e Isabel, cuida del orden de 250 cabezas de vacas de raza pirenaica repartidas entre Zolina y un cebadero de Azoz. A sus 30 años de edad, su jornada arranca a las siete de la mañana en la finca de Zolina, donde repasa el estado de las vacas nodrizas por si alguna de ellas está de parto y por asegurar su mantenimiento, con la reposición de las camas de hierba.

La ganadería, como tantos otros sectores de la economía, ha sufrido los efectos del encarecimiento de la energía. “Si antes una tonelada de pienso costaba 280 euros, ahora estará sobre los 340”. Cuando se completa el ciclo de crecimiento, el animal es conducido a matadero, en este caso bajo la denominación de Ternera de Navarra.

Es en ese momento donde se puede estimar el rendimiento entre el esfuerzo realizado durante un año y el precio de venta por cabeza. “Por los machos se pagan 4 euros el kilo; y por las hembras, 4,5”. El peso de los primeros oscila entre los 350 y 360. Las segundas alcanzan en la báscula los 280.

Admite que su idea es “ser lo más sostenible” posible. En primavera y verano, su ganado pasta en el campo. Ahora bien, “para que la vaca dé beneficio” es preciso una combinación con el sistema intensivo: “Darle de comer y comer”.
Ambos -extensivos e intensivos “son compatibles. La sociedad quiere comer carne y a buen precio. Si la sociedad reclama carne a buen precio, no hay otra manera. Un ternero comiendo solo en el campo no hace carne. No tiene rentabilidad”.
En un ejercicio imaginario, Javier Iráizoz “sería más feliz teniendo 40 vacas y todo el terreno necesario alrededor de la finca”. En este momento de su reflexión incorpora un matiz para comprender la actividad ganadera extensiva, vinculada necesariamente a la disponibilidad de terreno. “Con la PAC, te obligan a eso prácticamente. Antes, las ayudas estaban asociadas al número de cabezas de ganado. Ahora está en función de la extensión de tierra”. Es por ello que a mayor número de vacas se requiera de más superficie en una dinámica no exenta de trabas y gestiones para alquilar parcelas y aspirar a comunales.
Acostumbra el ganadero pamplonés a abastecer el restaurante Lorentxo, que gestiona su padre en OlaveConsumo kilómetro cero.

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